
Al frente de este moderno Titanic, que se hundió llevándose por delante los trabajos y ahorros de miles de empleados, está Kenneth Lay, “el emperador desnudo” en el film. Lay no duda en apropiarse de la tragedia del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York y Washington para decir, en una reunión con trabajadores poco antes del colapso de la empresa que, al igual que EE.UU., “también Enron sufre un ataque”.
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