
La evaluación sobre el PRD es implacable: políticos con pasado salinista, como Manuel Camacho, en el primer círculo de operación del jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, el discurso moderado de éste para complacer a empresarios como Carlos Slim; un partido "dividido en sectas", endeudado por Rosario Robles, preocupado más "por las chambas, en lugar de Revolución y obsesionado por los votos", que llora en los ojos de Leonel Godoy; un partido que, aterrado por el escándalo de ver a René Bejarano embolsarse fajos de billetes en el saco, "se somete a la telecracia" y participa en el desafuero con el voto de sus diputados.
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