
Un estudio sobrio sobre la industria alimenticia en el que Geyrhalter también confía en el poder de las imágenes. Sin palabras, sin incriminar ni culpar, reproduce la monotonía estéril de una fría maquinaria de producción que convierte a seres vivos en alimento. Aquí tampoco se intenta moralizar ni señalar con el dedo, sino, tal y como afirmó en una discusión con el público: "tan sólo dar testimonio de un fragmento de nuestra civilización".
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